domingo, 29 de abril de 2007

Son las 23:40 pm me encuentro terminando de redactar PRSU, pero "algo" lo cambia todo....suena el telefono, era la dominga y me dice: fran la maca murió. Aún no puedo creerlo, no puede ser cierto, yo la vi el sábado y estaba viva, qué paso?? La maca vive debajo de un puente,por desición propia, motivos varios para llegar a esa situación límite. La maca era un niña, una joven, perteneciente a la denominación "en riesgo social". No se si el riesgo está en "lo social" (desde una perspectiva quizás ahí esta el problema)o en vivir, será vivir efectivamente un riesgo?? o nuestras desiciones lo son?? en fin, ese es otro tema.

lunes, 23 de abril de 2007

Todo por leche.

El boxeo puede ser un "deporte" bastante violento y sin sentido, pero he comprobado que a veces el silencio, la indiferencia y las desigualdades pueden llegar a serlo más.
He visto esta película un par de veces, me encanta descubrir todo lo que puede existir detrás de una respuesta.
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Película: "El Luchador" / "Cinderella Man"
En medio de la Gran Depresión, a principios de la década de 1930, cuando los Estados Unidos estaban prácticamente de rodillas por culpa de esa situación económica devastadora, apareció un héroe inusual que mantenía a las multitudes gritando a sus pies, al tiempo que demostraba cuán duro puede luchar un hombre por conseguir una segunda oportunidad para su familia y para sí mismo.
Ese hombre común hecho héroe fue James J. Braddock —más conocido como “Cinderella Man”—, interpretado por Russel Crowe, quien se convertiría en una de las leyendas más sorprendentes e inspiradoras de la historia del deporte.
La historia comienza cuando Braddock—alguna vez promesa del boxeo— es obligado a retirarse luego de una ronda de mala suerte, justo en el momento en el que los Estados Unidos están cayendo, en los tiempos más difíciles que la nación hubiera conocido. Al tiempo que enfrenta la pobreza, lo único que quiere hacer Jim es no equivocarse junto a la mujer que siempre ha sido fuente de su energía —su esposa Mae, interpretada por Renée Zellweger. Al principio, acepta una seguidilla de trabajos sin futuro en el puerto, trabajos que parecen dejarlo cada vez más pobre. Por eso, en poco tiempo, la pareja se encuentra hundida en las deudas y emocionalmente devastada por ver a sus hijos temblando en un departamento sin calefacción en lo peor de un invierno en Jersey.
Justo entonces, como resultado de los esfuerzos del infatigable representante de Jim, Joe Gould (Paul Giamatti), Jim consigue una última chance, fuera de cartel, para pelear en el Madison Square Garden —y, lo que es más importante, una oportunidad para poner algo de comida sobre la mesa de aquellos a los que ama.
A pesar de estar demasiado viejo, demasiado hambriento y demasiado golpeado para ser considerado un verdadero contrincante —y en oposición directa con los miedos de Mae por la vida de su esposo—Braddock vuelve a subir al ring sin ningún tipo de entrenamiento. Dejando atónitos al público y a los medios, noquea a un oponente brillante y en ascenso… gracias, en parte, a un gancho poderoso desarrollado durante sus larguísimas horas en el puerto. Pero no se conforma con eso. Una vez reiniciada su carrera, comienza a llevar a su familia, victoria tras victoria, hacia una vida mejor hasta que pueden salir del pozo.
Y en la medida en que gana una y otra pelea, Jim Braddock va convirtiéndose cada vez más en un héroe popular y parece que, cuando se enfrenta a un oponente, lo hace en el nombre de millones de personas que, como él, luchan para cuidar a sus familias y mantener en alto sus sueños humildes.
Por fin, llega la pelea de su vida, cuando acepta enfrentarse al campeón del mundo de los pesos-pesados Max Baer, un boxeador alerta y eléctrico con un golpe tan letal que, de hecho, ya ha matado a dos hombres arriba del ring. Algunos dicen que Braddock no va a sobrevivir siquiera a esta pelea. Ciertamente, las probabilidades son diez a una a favor de Baer cuando Braddock sube a su rincón. Pero lo cierto es que Jim Braddock lo ve de una manera diferente: esta vez, él sabe muy bien cuáles son las apuestas por las que está peleando.
La esperada pelea tuvo lugar el 13 de junio de 1935, delante de una multitud de 35.000 aficionados en el Madison Square Garden. Otros millones se arracimaban alrededor de sus radios para escuchar al comentarista que anunciaba golpe tras golpe. Baer se mantenía fuerte en los primeros rounds, pero Braddock siguió sin inmutarse, envalentonado por pelear en pro de la supervivencia de su familia. Cada vez que uno de los dos dominaba el round, el oponente se recuperaba invariablemente. Este combate sin par se extendió a lo largo de quince rounds interminables. Braddock, poseído por un espíritu triunfante y golpeando con una resistencia increíble, se mantuvo en pie los quince rounds… y ganó la pelea por decisión unánime.
Inmediatamente, fue proclamado la mayor revelación de la historia del boxeo… si no de todos los deportes. En los bares y los hogares de todo el país, la gente común celebraba el triunfo de Braddock como si fuera un miembro de su propia familia. La pelea parecía recordarle a ese mundo desesperado que, a veces, los indigentes no solo se las arreglan para sobrevivir sino que también se convierten en los seres más grandes sobre la tierra. El escritor de deportes Damon Runyon le puso a Braddock un sobrenombre que le venía de perillas, “Cinderella Man” -”Hombre Cenicienta”-, porque su historia del que sube desde lo más profundo del pozo se parecía tanto a un cuento de hadas.

Fuente e imágenes: Buena Vista International
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"Le preguntan a Jim "el luchador": por que vuelves a boxear?
Jim responde: al menos ahora sé a quien golpeo y quien me golpea, sé contra quién lucho y para qué.
le vuelven a preguntar: por qué luchas?
Jim responde: por leche (para sus hijos)"

viernes, 20 de abril de 2007

cómo saber cual es la intencionalidad, fin y real alcance de lo que decimos o nos dicen??
qué se considera para saber si hay verdad en cada palabra??
qué pasa con lo que se siente??, se expresa??
nos dejamos llevar por la intuición??
los precedentens importan??
hay respuestas??

extraño aquellos momentos en que junto a un corona hablabamos de la vida,
extraño coca light, papas fritas y locuras, extraño nuestas tardes de cine,
extraño paseos por troler,
extraño ese café maravilloso y leche chocalatada de plaza sotomayor,
extraño paseos por cerro concepción,
extraño color café,
extraño poder capturar no solo con mi mirada cada instante que respiro,
extraño el mar y la lluvia dandome fuerzas para seguir,
extraño mi fe que se ha perdido,
quien la encuentre por favor ruego me la devuelva, la necesito.


Irie, Dominga, Dany, Jan y JP

Agradecimientos a JP, quien manejo 12 horas para llegar a destino, conociste mi faceta de cantante y a mi amigui de 3 años: vamos de paseo...pipipi...en un auto nuevo...pipipi...pero no me importa...pipipi...porque como torta.....jaja, hasta yo me rio de mis tonteras, en fin, JP eres una gran persona y amigo.

No creo en los méritos, sin duda no merezco la amistad de ninguno de ustedes, simplemente somos amigos porque sí, gracias doy a ese "Dios" por tener personas como ustedes a través de la cuales aprendo a"ser", "persona" y "vivir".












lunes, 9 de abril de 2007

yo vendría a ser la oveja negra de la familia ja!.

FERNANDO CHUECA GOITIA Y LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA ESPAÑOLA
por Javier García Gutierrez Mosteiro, Arquitecto

Reproducción del texto: GARCÍA GUTIERREZ-MOSTEIRO, JAVIER "Chueca Goitia y la Historia de la Arquitectura Española". Publicado en: Menhir. Arquitectura, Construcción, Diseño. mayo 2002, nº 7. 70-77. [Realizado con motivo de la publicación de la segunda parte de su libro sobre historia de la arquitectura y de la edición facsimil de la primera parte anteriormente editada]

"Fernando Chueca Goitia (Madrid, 1911) representa el primer nombre entre los actuales historiadores de la arquitectura española; discípulo de grandes maestros y maestro, a su vez, de grandes discípulos, constituye el vínculo con que se vertebra una tradición viva: ha sido, en el campo de la enseñanza de la arquitectura, el natural y privilegiado puente entre la figura señera de Leopoldo Torres Balbás y la generación de grandes historiadores - consagrados ya desde muchas décadas atrás - como Navascués, Sambricio o Manzano Martos. El legado de Chueca Goitia, inscrito en esta rica tradición -transmisión- de saberes y posturas acerca de la historia de la arquitectura española, se nos aparece así como de una estatura gigantesca.
Su inclinación a la historia, siendo a la vez arquitecto, no es segregable de su pasión por todo lo que tiene que ver con la arquitectura; en el elocuente título de su libro La arquitectura, placer del espíritu (1993) da ya cuenta de la extraordinaria relación de goce y fruición intelectual -y casi sensorial- que experimenta Chueca con el objeto arquitectónico. Para los que le hemos visto explicar in situ la arquitectura (junto al ladrillo mudéjar de La Lugareja; bajo las bóvedas sexpartitas de la catedral de Ávila; tocando la fábrica herreriana de El Escorial...) siempre nos resulta sorprendente ese trato de naturalidad extrema con la realidad arquitectónica, ese entendimiento perfecto y personal, con ese aire de casi prosopopeya que atribuye a la arquitectura caracteres humanos. Chueca conversa, sin necesitar más intermediarios, directamente con la arquitectura; y es ésta una circunstancia que caracteriza apreciablemente su quehacer como historiador.
Como explica el propio Chueca, su afición por el patrimonio arquitectónico - y de ahí, por la historia de la arquitectura- se nutrió en buena parte de la experiencia vivida durante la Guerra Civil (que estalla días después de obtener Chueca el título de arquitecto). Los desastres de la guerra, y en particular el incendio que sufrió el palacio de Liria, motivaron al joven chueca a emprender una militante tarea -patrocinada por el Colegio de Arquitectos- de conservación de monumentos y recuperación de materiales artísticos y documentales; en aquel empeño por la salvaguardia del patrimonio pudo conocer y tratar a historiadores de la talla de Diego Angulo y Manuel Gómez Moreno. Todo ello afirmó su predisposición por el arte, la historia y la restauración de monumentos.
Añadamos a esto que tras la Guerra Civil, con el vergonzoso episodio de la depuración profesional aplicada a tantos y tan destacados arquitectos, se vio Chueca -sin haber podido aún comenzar a trabajar- apartado por cuatro años del ejercicio profesional; ello reforzó su andadura como historiador de la arquitectura: "consideré -explicaría Chueca más tarde- que no tenía más remedio, ya que no podía hacer arquitectura, que contemplar la que otros habían hecho y decir algo de ella. De ahí viene mi condición de historiador, preparada por vocación pero ejercida por la fuerza de las circunstancias".
De estos años de estudio y trabajo, en que fue amparado y guiado por historiógrafos tan ilustres como Gómez Moreno, Pablo Gutiérrez Moreno (que le incorporó a sus célebres "Misiones de Arte") y, sobre todo, Leopoldo Torres Balbás (que le propondría como profesor auxiliar en la Escuela de Arquitectura de Madrid), parten sus primeras investigaciones y monografías sobre arquitecturas y arquitectos españoles: su Juan de Villanueva (1974), que realizó en colaboración con Carlos de Miguel; La Catedral de Valladolid (1947); La catedral nueva de Salamanca (1951); El Museo del Prado (1952); Arquitectura del siglo XVI (tomo XI de Ars Hispaniae) (1953); Andrés de Vandelvira (1954)...
Con Los invariantes castizos de la arquitectura española (1947), ensayo muy temprano en su producción y que goza, no obstante, de una sorprendente juventud (una de las obras más queridas de Chueca; " la más importante que yo he escrito" -acostumbra a decir con natural modestia -; y más querida también de sus lectores; por la que su nombre conoció muy pronto resonancia internacional), sienta las bases de su poderoso estilo de aproximación a la arquitectura, tan lejano de la mera y acumulativa aportación de datos; el del enfrentamiento directo con la arquitectura, buscando - desde un sentimiento y ascendiente explícitamente unamuniano- las constantes histórico-estéticas de una tradición viva y transformante, nunca entendida como repertorio de formas pretéritas; el hondo substrato desde el que todo se explica.
Avanzaría en este sentido con su célebre Manifiesto de la Alhambra (1953), en el que retomaba la arquitectura del pasado -en este caso la singular lección de los palacios nazaritas- como fuente inspiradora de renovadores principios, que no de estrictas formas arquitectónicas.
En este marco de intenciones se sitúa su mencionado libro Historia de la arquitectura española, cuyo primer tomo -Edad Antigua y Media- apareció en 1965, no publicándose el segundo - Edad Moderna y Contemporánea- hasta 2001; obra que, muy significativamente, dedicó Chueca a la memoria de su maestro Torres Balbás. En ella, con la perspectiva panorámica que posibilita una alta atalaya (desde la que "el paisaje -apunta Chueca- tiene siempre algo de representación racional; encadenado y lógico, se hace inteligible y claro, se explica a sí mismo"), pretende dar razón de una historia vertical; la historia -sincopándose en el tiempo - del hacer arquitectura en España; el devenir de formas y estilos tan peculiar -y tan transformador- de nuestra tradición.
Parte Chueca en su aventura de otro eminente antecesor suyo, Vicente Lampérez, quien, como categoría general, consideraba el español como "arte aluvial"; pero la tesis de Chueca, sin rebatir tal opinión, se sienta en una pertinente matización; tal poso aluvial no es, en modo alguno, inerte; sino que, de acuerdo a leyes internas -cuyo desentrañar intenta también en este trabajo- reacciona y precipita "cosas distintas y hasta dispares" de las de partida. El binomio sedimentación/fermentación es, pues, para Chueca la interacción que le permite interpretar el tan personal comportamiento de la arquitectura en España, y aun el de todo el arte español: "Sedimentación, sí, pero con una inmediata fermentación -diría Chueca en el prólogo del primer tomo-. Por eso la aparente incoherencia del arte español, si se contempla superficialmente, se trueca en existencial consecuencia cuando descendemos a planos más profundos, a los abisales estratos de la intrahistoria, en los que tanto gustó de bucear el gran don Miguel de Unamuno".
Pero la aproximación de Chueca a la historia de la arquitectura no se acota al caso español - ni a su natural extensión cultural, de la que es preclaro ejemplo su Invariantes de la arquitectura Hispanoamérica (1966) - sino que obedece, naturalmente, a un interés universal. Sus once tomos de la Historia de la arquitectura occidental, que fue publicando entre 1974 y 1989, reflejan su permanente esfuerzo por abrazar más y más - e interpretar con personal deleite - las múltiples manifestaciones de la arquitectura; registra también esta colosal obra su larga andadura como profesor y catedrático de "Historia de la Arquitectura" en la Escuela de Madrid, habiendo servido de texto fundamental para muchas de las promociones de arquitectos que en esas aulas nos hemos formado.
La privilegiada comprensión que tiene Chueca del hecho arquitectónico le lleva irrefrenablemente a la experimentación y goce de las formas urbanas, de los edificios integrando conjunto en la ciudad. Viajero y andarín de ciudades como se reconoce, demuestra una fina sensibilidad para la percepción de lo urbano, en sus disímiles escalas y tipos de sociedad. Ilustran meridianamente este aserto publicaciones como su Breve historia del urbanismo (1968), clásico obligado no sólo para profesionales sino para todo aquél que quiera adentrarse por la senda -no siempre tan eficazmente allanada en su explicación- de la cultura urbanística; y tantas otras que, desde los primeros años de su quehacer como investigador, ha producido en torno a la ciudad (consignemos aquí su Nueva York. Formas y sociedad, fruto de su beca de ampliación de estudios en los Estados Unidos, a comienzo de los cincuenta).
En este sentido, la aproximación de Chueca al urbanismo ha tenido un marcado carácter reivindicativo, de defensa del patrimonio urbano. En 1977 -y conviene reparar en la fecha- publicó La destrucción del legado urbanístico español, donde pasaba revista a todas las capitales de provincia, diagnosticando el estado de salud de su patrimonio; algo verdaderamente ejemplar en el momento. Ahí se hablaba de la realidad fuerte y a la vez delicada de las ciudades, donde no se puede -explicaba- intervenir con improvisaciones; se hablaba también de cómo "en nuestro desarrollo urbanístico no ha presidido el bien común, el servicio a la sociedad, la mejora de las condiciones de vida, la salud física y moral sino el más atroz y vulgar egoísmo económico de unos pocos"; y se preguntaba, en fin, qué línea iba a seguir, a partir de entonces, la naciente democracia española...
De entre todas las ciudades acerca de las que Chueca ha escrito sobresale Madrid, ese Madrid que recientemente le ha hecho "hijo predilecto"; ese Madrid que conoció en su juventud, en largas caminatas con su padre, y que aún hoy, nonagenario, sigue recorriendo y deteniéndose ante sus perspectivas, enclaves, arquitecturas... La calle, eso que siempre ha interesado tanto a Chueca.
Su primer estudio sobre Madrid fue su entrañable El semblante de Madrid (1951), descripción de un Madrid que descubría de paseante, con ojos que ven y de erudita inteligencia:
"(...) he querido que el libro -señala en su prólogo- tuviera al menos una virtud; la de ser un retrato del natural, un morceau de nature, como dirían los franceses; en ningún caso cuadro de estudio, sino pintado al aire libre, con el caballete en el campo abierto de la ciudad. (...) No era para mí motivo de fatiga, toda vez que espontáneamente, por inclinación y por placer, desde siempre, una de las cosas que más me han agradado ha sido el deambular caprichoso por las ciudades, tratando de sentir esa impresión que se desprende de la realidad".
Luego llegaría Madrid, ciudad con vocación de capital (1974), colección de artículos donde recogería Chueca no pocas de sus luchas por salvar algunos de los valores del patrimonio arquitectónico y urbano; "lucha áspera y casi siempre desigual, de la que por lo general -decía en su introducción- hemos salido vencidos, porque Madrid ha ido arrojando por la borda, como lastre inútil, mucho de lo mejor que tenía sin que para ello sirviese de nada el clamor de unos pocos que veíamos con dolor tan insensata almoneda". Más recientemente nos ha sorprendido con otro texto, Madrid, pieza clave de España (1999), en que incluye -conviene recordarlo- algunos de sus magníficos dibujos de espacios urbanos madrileños.
La ciudad interesa a Chueca - que es arquitecto, que es historiador- como ciudadano: la ciudad para vivirla en su poliédricas caras, la ciudad como ámbito natural de reunión de las artes y la cultura. Ello explica al Chueca humanista, al "hombre de cultura": el arquitecto que construye de nueva planta y que interviene en el patrimonio, pero el arquitecto también que se interesa por la historia y la literatura, la sociología, la filosofía y las artes (recordemos aquí que fue Director del Museo Nacional de Arte Contemporáneo); el profesor comprometido con la formación de arquitectos y el académico de las Reales de la Historia y de Bellas Artes (lástima es que no lo sea también -como sin duda merece- de la Española de la Lengua); el ciudadano, en fin, que sabe habitar la ciudad y aceptar también responsabilidades para con su comunidad; ya políticas -fue miembro del Senado- ya profesionales -actualmente ostenta el cargo de Decano-Presidente del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid-.
Esta sólida complexión humanista es la que venimos a reconocer en este nuevo libro sobre historia de la arquitectura; esta formación humanista que nos explica la asombrosa habilidad de Chueca para analizar y desentrañar la realidad arquitectónica. Añadamos a ello la literaria llaneza de su expresión; un verdadero placer para la lectura (más aún para los que tenemos la fortuna de conocer y tratar personalmente a don Fernando: al leerlo podemos escuchar su peculiar dicción, su infrecuente y eficaz oratoria). Con la publicación de este segundo y último tomo de su Historia de la arquitectura española se completa, en un acto de justicia histórica, una publicación esencial para el conocimiento de nuestro legado artístico -esa historia vertical- y para dar cabal idea de la importancia que Chueca Goitia ha tenido -tiene- en la constitución de la cultura arquitectónica en España.
INSTITUCIONES A QUE PERTENECE
Miembro Numerario del Instituto de Estudios Madrileños
Miembro Correspondiente de la Hispanic Society of AmericaMiembro de la Society of Architectural Historians, de los Estados Unidos
Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad de Amigos del Arte
Académico Correspondiente de la Academia de Artes y Ciencias Históricas de Toledo
Académico Correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Sevilla
Académico Correspondiente de la Academia de San Carlos de Valencia
Académico de HonorAcadémico Correspondiente de la Academia de Bellas Artes de Lisboa
Académico Numerario de la Real Academia de la Historia de Madrid
Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid
Miembro de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Obras de ArtePresidente del Instituto EspañaConsejero de Bellas Artes del Patrimonio Nacional (Casa Real)
Decano-Presidente del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
PRINCIPALES RESTAURACIONES DE MONUMENTOS HECHAS POR FERNANDO CHUECA GOITIA EN ESPAÑA
La Casa de las Siete Chimeneas, MadridLa Catedral de Tarazona, ZaragozaMonasterio de Santa María la Real de Nájera, LogroñoCastillo de Alcañíz, TeruelPalacio de Galiana, ToledoOratorio de Caballero de Gracias, MadridAyuntamiento de Tarazona, ZaragozaSan Caprasio y Santa Cruz de los Seros, HuescaSanta María de La Guardia, ÁlavaIglesia Parroquial de Alfaro, LogroñoCámara de Industria de MadridCasa Lope de Vega, MadridIglesia del Salvador de Guetaria, GuipúzcoaMonasterio de San Millán de la Cogolla: Suso e Yuso, LogroñoIglesia de San Ildefonso, ZaragozaIglesia de San Miguel, ZaragozaPalacio Velázquez en el Parque del Retiro, MadridPanteón de Goya en San Antonio de la Florida, MadridPalacio de Carlos V, GranadaIglesia de Santa María, DebaIglesia de San Miguel, CuencaIglesia de Torralba de Ribota, ZaragozaIglesia Parroquial de ZumayaReal Academia de Bellas Artes de San Fernando, Palacio Goyeneche, MadridReal Academia de la Historia, Palacio del Marqués de Molins, MadridIglesia de la Merced de Tarazona, ZaragozaAyuntamiento y Lonja de AlcañizLa Catedral de ValenciaLa Iglesia de Santa Bárbara de MadridProyecto de Rehabilitación del antiguo Hospital de los Venerables de SevillaLa Casa del Diamantista, Toledo
OBRAS DE NUEVA CONSTRUCCIÓN PROYECTADAS Y REALIZADAS POR FERNANDO CHUECA GOITIA EN ESPAÑA
Museo Lázaro Galdiano, MadridZoco y Mercado de Alcazarquivir, MarruecosLa casa de Don Luis Hernando Avendaño en Aravaca, MadridLa casa de Don Luis Díez del Corral, Toledo La casa de Don Luis García Berlanga, Somosaguas, MadridLa casa de Don Luis Miguel Dominguín, finca "La Campanza", Quismondo, ToledoHostal del Cardenal, ToledoLa casa de Don Ignacio López, finca "La Aljabara", CórdobaAmpliación del Museo del Prado, fachada que mira a la c/ Ruiz de Alarcón, MadridSede principal del Banco Santander, VitoriaSede principal del Banco Santander, ValladolidSede principal del Banco Santander, LeónCatedral de Nuestra Señora de la Almudena, MadridEl edificio de la Torre de Puente Praga, MadridPalacete residencial en El Escorial, MadridCasas residenciales en Las Arenas, BilbaoNumerosos edificios de viviendas en Bilbao, Madrid, Toledo, etcEdificio de la Caja de Ahorros de ToledoHotel María Cristina de ToledoCasa de Oficina en la Alameda de Recalde, BilbaoCasa de Oficina en la Gran Vía, Bilbao. Hoy sede del Gobierno de EuskadiCasa de Oficina en la Avda de Madariaga, BilbaoCasa de viviendas en la c/ Botija Vieja, BilbaoChalet "Baseibar" en Plencia, VizcayaRestauración de casa solariega en Quijas, SantanderCapilla-Panteón para la familia Botín en Puente San Miguel, SantanderHotel Villa Real, MadridEl Pueblo Español de Palma de MallorcaLa Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de SalamancaCatedral de la Almudena en Madrid. Urbanización Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid".
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"Ayer se murió el gran humorista conquense, José Luis Coll, genio de la televisión en blanco y negro junto a su inseparable Tip, diestro jugador de billar en los bajos aristocráticos de la Moncloa, donde Felipe González instaló una bodeguilla para visitantes de confianza y personajes de la farándula residual de la movida de Tierno.
José Luis Coll era la fina ironía, quizá también la picaresca, que es la sabiduría del pueblo español. Nada más conocer la noticia de su fallecimiento, la concejalía de las Artes propuso poner su nombre a una calle de Madrid, propuesta aceptada por el alcalde, lo que demuestra que la señora responsable de las Artes, Alicia Moreno, tiene toda la sensibilidad puesta en sus contemporáneos de la farándula y del espectáculo, y no demuestra tanto aprecio a la parte más intelectual y cultural, lejos de la dudosa intelectualidad que interpreta el progresismo al uso.
Con todo el merecimiento del mundo, este conquense afincado en Madrid, José Luis Coll, tendrá calle en la capital de España, como se les concedió con toda celeridad a Rocío Durcal y a Rocío Jurado, que también merecen estar en el callejero madrileño.
Pero lo que no se comprende es que el Ayuntamiento sea tan cicatero con otras personalidades, que incluso han nacido en esta ciudad y por las que ha pasado la crueldad seca del olvido.
En octubre de 2004, fallecía en nuestra ciudad Fernando Chueca Goitia, madrileño de nacimiento, de vocación y de profesión intelectual; Cronista Oficial de esta Villa, arquitecto de reconocido prestigio internacional, pero el Ayuntamiento de la ciudad que le vió nacer, hacerse y morir, no ha querido ponerle una calle.
Quizá no sean méritos suficientes los ya citados, ni que fuera catedrático del Historia del Arte de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia, presidente del Instituto de España, autor de una gran cantidad de libros, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, restaurador de importantes monumentos en toda España, en Madrid concretamente de la Casa de las Siete Chimeneas, el Oratorio de Caballero de Gracia, el panteón de Goya en San Antonio de la Florida, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Casa de los Lujanes.
Fue el arquitecto de la catedral de la Almudena y de la ampliación del Museo del Prado, pero a Fernando Chueca Goitia, amigo, compañero cronista, le faltó quizá lo más importante para tener calle en Madrid: ser humorista y aparecer en televisión y en otros lugares adónde nunca irían los intelectuales. Así es Madrid de desagradecido con sus hijos ilustres, señor alcalde"
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Me llama la concejala de las Artes, Alicia Moreno, para sacarme de un error y darme un buena noticia, cosa que le agradezco doblemente. Le reprochaba yo hace unos días su celeridad a la hora de poner el nombre de José Luis Coll a una calle de Madrid y la cicatería a la hora de dar el mismo trato al Fernando Chueca Goitia. A veces noticias que pueden ser importantes, quedan perdidas en la actualidad rutilante de esta ciudad, en el punto del orden del dìa de un pleno que cuando se trata ya el se ha perdido el interés y a veces la consideración sobre la importancia del mismo. Y este pasar de puntillas por las atención periodística nos lleva al error injustificable, a la ignorancia de lo que es, sobre lo que creíamos que no había sido. Sin más circunloquios, me rindo a la evidencia de los hechos y me congratulo al mismo tiempo de que así ocurra.
Criticaba yo que el Ayuntamiento no hubiera tenido la sensibilidad de poner una calle al madrileño, Cronista de la Villa, arquitecto, académico y tantas cosas más, Fernando Chueca Goitia, fallecido en 2003. Consulté a mis compañeros cronistas para ratificar mi apreciación, y me la ratificaron; consulté el callejero de Madrid, para cerciorarme de que no había ninguna calle con su nombre, y no la hay.
Pero hete aquí, que la señora concejala de las Artes, Alicia Moreno, me descubre que en sesión plenaria del 28 de febrero de 2006, el pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó dar el nombre de una calle a Fernando Chueca, asunto que pasó desapercibido, que no trascendió y que me sumió en una ignorancia intolerable. Aunque todavía no hay calle, ni se sabe dónde ni cuando, hay por lo menos acuerdo plenario. Gracias, doña Alicia por la rectificación y mi gozo extraordinario porque el maestro Chueca Goitia, tenga un día, no se sabe cuándo, la calle que en justicia le pertenece"
Ángel del Río

viernes, 6 de abril de 2007

Alma de Cristo.

"Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén"

San Ignacio de Loyola

Observaciones

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