"La inteligencia que carece de voluntad no opone resistencia, la resistencia procede de la voluntad misma, que por ciertas consideraciones se inclina hacia una representación y por otras las rechaza. Tampoco sabemos nada de lo que tenemos porque nos falta valor para esclarecernos en nuestra conciencia estando equivocados muchas veces acerca del motivo que nos mueve a obrar o no: el azar, descorriendo el velo nos enseña entonces que el verdadero motivo no es el que suponíamos sino otro muy distinto que no querríamos confesar. El intelecto es extraño a la voluntad hasta el punto de ser engañado con frecuencia por ella, pues él le suministra los motivos pero no penetra en el laberinto secreto de sus determinaciones. Todo esto demuestra cumplidamente la gran diferencia entre intelecto y voluntad, la supremacía de ésta y la subordinación de áquel. La inteligencia se fatiga, mientras la voluntad es infatigable. La voluntad, desde las profundidades del organismo donde habita se eleva siempre prevenida e infatigable, se manifiesta en forma de temor, horror, esperanza, alegría deseo, codicia, envidia, cólera, furor, y nos impulsa a palabras o actos precipitados a los que sigue con frecuencia el arrepentimiento. El intelecto no puede oponerresistencia pues siervo y esclavo de la voluntad no es como ésta autónoma, ni puede obrar por su propio poder y con su propio movimiento. La voluntad sabe perfectamente que áquel, a pesra de sus mayores esfuerzos, no puede obligar a la voluntad a una breve pausa, durante la cual pueda él elevar la voz".
Schopenhauer, El olvido de la razón.
